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A este Barça no le da para ganar nada

Lucescu, antes de enfrentarse al Barça en Champions, aseguró en rueda de prensa que el actual equipo azulgrana no tiene nivel para ganar la ansiada orejona. Es cierto que a muchos aficionados culers dichas palabras les pudo haber sentado mal, pero razón no le falta al entrenador del Dinamo de Kiev, sabedor de que la mejor versión del Barça ya pasó hace mucho tiempo y que nada tiene que ver este equipo con el que se enfrentó en la Final de la Supercopa de Europa en 2009 con el Shakhtar y donde el Barça, entonces entrenado por Pep Guardiola, se llevó el título con un único gol de Pedro.

Por desgracia para el soci culé esos años pasaron y el Barça se encuentra en plena reconstrucción, tanto institucional como deportiva, con un Messi cada vez más lejos de su mejor nivel y que cuenta los días para dejar el equipo que lo convirtió en una estrella mundial. El 10 está muy lejos de su mejor versión, aquella que se vio por última vez en las semis de Champions ante el Liverpool con una actuación estratosférica que pudo servir para alcanzar la ansiada final del Wanda y quedó en vano tras la catástrofe en Anfield siete días después.

Las últimas imágenes que se han visto de Messi en el campo preocupan en exceso al seno culé. Y es que todos siguen confiando en un jugador de 33 años, que ya dio sus mejores años con la elástica azulgrana y que en agosto no tenía cabida, para muchos, en este 4-2-3-1 que Koeman ha impuesto con una sobredimensión de mediapuntas. Koeman se contradice a él mismo porque este sistema tiene sentido si jugara con bandas, anchando el campo y dando más profundidad, pero el holandés ni juega con bandas (lo hace pero con jugadores a pierna cambiada), ni estos dan amplitud ni generan profundidad.

El Barça ante el Dinamo de Kiev presentó una alineación previsible, exceptuando la posición de De Jong en el eje de la zaga. Los cuatro de arriba fueron: Fati, Pedri, Messi y Griezmann, tres medias puntas para una posición. Pedri no es jugador de banda, Messi no es 9 y Griezmann no es ni una cosa ni la otra. Por mucho que quiera Koeman, el francés no puede jugar ni de referencia ni a pierna cambiada, solo es entendible su presencia si se juega con dos arriba, siendo Griezmann el acompañante del delantero. Pero es que el Barça no juega con delantero y encima, cuando lo haga, lo hará con solo uno, así que la conclusión es que Griezmann no tiene hueco en el Barcelona.

Dejando el ‘caso Antoine’ de lado, la posición de Messi también chirría. No debería ser difícil encajar al mejor jugador del mundo, pero si este no corre, no presiona y encima no tiene un 9 de referencia cerca que le abra huecos como hacía Suárez, entonces Messi desaparece por completo. Cuando el 10 triunfó de 9 este tenía 11 años menos que ahora y no paraba de moverse de un lado para otro. La ambición por ganar y ser el mejor sumado al talento innato del futbolista lo convirtieron en el mejor delantero del planeta. En el momento que bajó un poco su nivel, esa posición no le favorecía y en 2014 ya no era el Messi de 2012, ni de lejos. Por ello, se fichó a Suárez y Messi volvió a la derecha (o a donde quisiera estar) y se convirtió de nuevo en el mejor futbolista del globo.

Pero el Messi de ahora nada tiene que ver con el de 2012 ni con el de 2015, por lo que Koeman, si quiere que su Barça carbure de verdad y no a cuentagotas como sucedió en Turín, tiene que encajar piezas y no nombres. Dembélé, Fati y Konrad son tres jugadores que podrían darle mucha amplitud y velocidad a un Barcelona que circula más rápido el balón que el curso pasado pero sigue atascado en los metros finales. La solución a esto sería la llegada de un delantero, no un parche, sino un delantero top que acabase con todas las carencias. Fati ahora mismo es el máximo goleador del equipo con 4 goles en Liga, pero el Barça no puede depender de un niño de 18 años. Tampoco puede depender de Pedri, con apenas 17 años y que lleva en el equipo meses.

Este Barça necesita un líder, ya sea Messi u otro, que reconduzca al equipo. Los azulgrana está en fase de construcción, por lo que están a tiempo de encontrar a ese líder que marque el devenir de un equipo que aspira a todo por su historia y presupuesto, pero que no es favorito a nada por sus últimas actuaciones. Las últimas derrotas en los momentos clave de la Champions y perder la Liga el curso pasado, han bajado de la nube a un Barcelona que apenas un lustro era el mejor equipo del continente casi sin discusión. Por esto, y por mucho más, a este Barça no le da para ganar nada.

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