Un Chelsea – Barça siempre será especial por…

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Por qué sí. Es un duelo que representa mucho para mí, un aficionado más de un equipo histórico como es el Barcelona. Un equipo que se reconstruyó en 2003 gracias a Laporta, Rijkaard y Ronaldinho, éste último el verdadero artífice de que hoy muchos niños prefieran al Barça en vez de al Real Madrid.

En aquel verano de 2003 cuando el Gaúcho llegó el Barcelona vivía una crisis económica y deportiva que no se recordaba en el club. Un equipo histórico, capaz de hacer sombra a todo un Real Madrid durante muchos años, un equipo con 16 campeonatos ligueros, 24 copas del Rey y una Copa de Europa, y que estaba hundido en la miseria más profunda.

El club acabó con los fichajes innecesarios y el despilfarro de pasta en jugadores mediocres para dar cabida en la plantilla a jugadores de la talla de un club como el Barcelona. Por eso llegó Ronaldinho, además de jugadores de la talla de Márquez, Samuel Eto’o, Anderson Deco, Henrik Larsson o Ludovic Giuly, entre otros muchos más que se me escapan.

Alrededor del mejor 10 del momento se forjó un equipo capaz de ganar dos ligas y una Champions League en tres años, un equipo de ensueño que tuvo momentos únicos como el vivido en el Santiago Bernabéu en 2005 ante el Real Madrid o el de París ante el Arsenal, en la primera gran final desde la debacle en Atenas en el 94 con Cruyff en el banquillo y Romario como 9.

Pero, pese a los grandes momentos vividos en la Liga o en la finalísima ante el Arsenal de Henry en 2006 en Saint Denis, aquel Barça de Ronaldinho y compañía vivió momentos únicos e irrepetibles ante el Chelsea de Mourinho, entonces considerado el mejor, con permiso del propio Barça, equipo del planeta.

Fueron tres temporadas seguidas de duelos entre culés y blues, entre catalanes y londinenses. Tres temporadas que se pudo ver de todo: golazos, penaltis, entradas a destiempo, teatro del bueno (según Mourinho). Fueron momentos insuperables, incapaces de borrar de la memoria.

Ronaldinho, el gran ídolo y el 10 que cambió la historia culé para siempre, dejó cuatro años antes que Iniesta se convirtiera en el amo y señor de Stamford Bridge un gol para el recuerdo. La puntera mágica del brasileño salió a relucir como si de un palo de golf se tratase. Era el 3-2 en el marcador y el Barcelona estaba en cuartos en ese momento.

El Barça, fiel a su historia, nunca se sintió verdaderamente superior al Chelsea en aquella eliminatoria, y aunque Collina se equivoca en el 4-2, ya que Terry marca de cabeza mientras Carvalho hace falta a Valdés en el área pequeña, el Chelsea, en términos generales, compitió y fue mejor que el Barcelona en los 180 minutos de eliminatoria.

Pese al gol de Ronaldinho, pese a esa borrachera de buen fútbol del Gaúcho, Eto’o, Deco y compañía, el Barça del primer proyecto Champions de Rijkaard no estuvo a la altura del primer proyecto Champions de Mourinho. No obstante, ambos equipos se enfrentaron al año siguiente y el desenlace, para el porvenir azulgrana fue mucho mejor que el vivido en 2005.

Solo tuve que esperar un año para volver a ver a mi equipo en el Bridge de nuevo. Si el de 2005 fue especial, el de 2006 fue aún mejor. Vi remontar un resultado adverso en un campo embarrado y con un Messi que se doctoró en Champions ante su bestia negra, ya que el argentino sigue sin haber perforado la portería del Chelsea.

Pese a ello, el partido del argentino en esa noche fría de febrero de 2006 fue de matrícula. El Barça se llevó la victoria y Mourinho solo supo decir en rueda de prensa que Messi había hecho teatro del bueno. Su manera de justificar su mala actuación ante los catalanes. Una derrota justa que no supo reconocer el técnico portugués.

El Barcelona se llevó el gato al agua un par de semanas después y se metió en cuartos de final con un Ronaldinho, una vez más, estelar. Para los más jóvenes, Ronaldinho entonces era lo que es hoy Messi para el Barcelona o lo que puede ser Cristiano Ronaldo para el Real Madrid. La figura imperante. El crack definitivo. Un ídolo de masas en un estado de forma espectacular e inalcanzable para los mortales.

Ya sumergidos en la temporada 2006-2007, en la temporada del descenso del equipazo de Rijkaard, pude volver a ver al Barça jugar ante el Chelsea, por tercer año consecutivo. Aunque no tuvo la magia de las temporadas anteriores, el partido de vuelta en el Camp Nou fue de esos que recuerdas siempre.

Era la noche de Halloween de 2006 y el Barcelona se presentaba con toda su artillería disponible, salvo su máximo goleador, Samuel Eto’o, lesionado de gravedad y que se perdió tanto el duelo de ida en el Bridge como el de vuelta en el estadio culé. Pensé que el Barça se llevaba el partido, ya que iba 2-1 y faltaba muy poco, pero… el Chelsea empató casi al final del choque y se llevó un punto inmerecido de Barcelona.

El Liverpool de Benítez nos cortó el sueño de conseguir otra Champions y el Barcelona de Ronaldinho empezó a caer en picado. El crack con el que disfrutamos 3 años y medio empezó a menguar. En 2008, ya con Pep y con Messi como máxima estrella, el Barça se renovaba para buscar de nuevo la ansiada Champions. Ronaldinho cedió la corona para que Messi cogiese el testigo. No obstante, el rey en Stamford Bridge en 2009 no iba a ser el nuevo 10 del Barça, sino Andrés Iniesta.

Entre 2003 y 2018 hemos vivido noches mágicas con dos dieces diferentes: Ronaldinho y Messi. Entre las temporadas 2003-2004 y 2007-2008 disfrutamos en exceso con el brasileño y entre 2008-2009 y 2017-208 hacemos lo mismo con el argentino. Pero aquella noche de mayo de 2009 en Londres, todos fuimos Andrés Iniesta. El manchego hizo el gol de todos, el gol que volvió a la élite a un club hundido, una vez más, tras dos años sin títulos.

Aquel momento lo viví junto a mis amigos en una sala de cine. Posiblemente uno de los recuerdos más felices desde que veo fútbol. Iniesta hizo ese típico gol que jamás ningún aficionado del Barcelona podrá olvidar.

Ganar una eliminatoria al Chelsea, en el Bridge, después de todo lo sucedido las campañas anteriores que no fueron buenas, y encima clasificarte a una final dos años después, es algo que no se consigue todos los días. Iniesta lo hizo, y un año después haría lo mismo en Sudáfrica, pero eso es otra historia diferente.

Mi momento más amargo sería en 2012 con la eliminación de la Champions 11/12. El último año del mejor Barcelona de la historia no se pudo saldar con una nueva final de Champions que hubiese cerrado el círculo que se abrió en Roma tres campañas antes. Messi, tuvo la final en sus botas, pero su lanzamiento se estrelló en el larguero defendido por Petr Cech. Torres, que entró en la segunda mitad, hizo el definitivo 2-2 y dio el billete al Chelsea a la final que debió, al menos por juego desplegado, estar el Barça. 

Es normal que después de todo lo contado vuelva a decir que un Chelsea – Barça es especial, ¿verdad?

* Imágenes rescatadas de Twitter. 

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