laVanguardia

La incongruencia catalana

Carles Puigdemont desafío al Estado dejando claro que el proceso soberanista se celebrará pase lo que pase el próximo 1-O, pese a la negativa del presidente español, Mariano Rajoy, y del mismísimo rey, Felipe VI. Un desafío que se llevará a cabo, aunque le cueste el puesto, además de la cárcel, al bueno de Puigdemont, muy convencido y exigente en su último mitin político en Tarragona.

La realidad para muchos, es que Cataluña se quiere independizar, y no es que esto no sea cierto, pero es que no todo el mundo, en la todavía región española, se quiere independizar de España, sino es que además hay muchos intereses políticos y económicos de por medio que deberían de aclararse antes de la posible ruptura. Empezando por las pensiones y culminando por todos los productos españoles y catalanes que hay repartidos por el país.

El otro día se podía leer en los rotativos nacionales las exigencias de Cataluña y una de ellas es que el Estado español tendría que hacerse cargo de las pensiones durante un tiempo, ya que una ruptura de España a corto plazo impide cumplir con los requisitos económicos que una supuesta Cataluña independiente tendría que llevar a cabo. Es decir, que Cataluña se quiere ir de España pero además impone sus propias reglas. Una incongruencia tan grande como la ‘otra verdad’ del caso soberanista.

Cataluña siempre ha ido de víctima, dando a entender al mundo que España les roba y que ellos, los catalanes, son los que más dinero tienen que pagar al Estado. De ahí su principal problema: el pacto fiscal. Querer un sistema fiscal autónomo como País Vasco y Navarra es lo que los políticos en la región han buscado a capa y espada, sin éxito alguno en estos últimos 20 años.

Es de sobra conocido que Arthur Mas se reunió con Rajoy el día después de hablar en el Parlament y aprobar el referéndum. Y es que los políticos saben que legalmente no pueden irse de España así porque sí y que la única manera, aunque no es la más ortodoxa, es  intentar abandonar el Estado a las malas, cueste lo que cueste. Otra incongruencia, la de abandonar por la fuerza un país que le suministra todo y más tras el oscuro pasado en el País Vasco con la banda terrorista ETA.

Si Cataluña se independizara, ¿Quién se hará cargo de las pensiones? ¿Qué pasará con las aerolíneas? ¿Y los españoles y europeos que están viviendo en Cataluña, pasarían a ser extranjeros? ¿Y qué pasaría con los productos españoles? ¿Y los catalanes que están en el resto del mundo? Un sinfín de preguntas sin resolver que generaría un caos sin precedentes en la democracia española.

A dos semanas del desafío, España se prepara para una tormenta que deberá de solucionar de la manera más correcta y pacífica posible, ya que cualquier movimiento en falso puede desembocar en una guerra civil innecesaria, absurda e incongruente.

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