El escalón de Messi

No se puede calificar a Leo cuando realiza un partido como el que se marcó en el Santiago Bernabéu. A veces es tan difícil superar algo que parece imposible, que va Messi y lo vuelve a hacer. El listón lo marca el propio argentino, sabedor de que nadie puede superarle, porque nadie está en su escalón, tal y como dijo Guardiola este fin de semana pasado cuando el ex del Barça fue preguntado por la posible incorporación de Alexis al City y el nivel del chileno.

Messi está en otro escalón. Lo sabe él, sus compañeros y los rivales. Incluso Cristiano, la gran estrella blanca, ganador de cuatro balones de oro y el único capaz de hacer ‘sombra’ a la hegemonía del astro argentino. El 10 no ganó el balón dorado cuando deambuló por el campo o cuando la Champions fue a parar a manos blancas. Cristiano se aprovechó de un bajón del argentino para acortar distancias en el palmarés personal, pero jamás estuvo en el escalón de Leo, en ese que solo el de Rosario está.

Un escalón que no comparte con nadie, porque los jugadores se miden por épocas. Maradona, Pelé, Di Stefano y Cruyff tuvieron la suya. Incluso Ronaldo primero y Ronaldinho después pusieron el nivel del fútbol por las nubes. Un nivel que Leo mantiene desde 2006, el año del principio del fin del Gaucho, la temporada del hat trick de Messi en el Camp Nou al Real Madrid, su doctorado prematuro.

Leo decide partidos cuando y en el momento que quiere. Ante el Madrid quería y así fue. La baja de Neymar le daba aún más protagonismo a Leo y éste no quería despedirse de la liga en el Bernabéu. El gol antológico llegó en el 92, ganando al estilo Madrid, en el último suspiro y con épica. Esta vez no fue Ramos, ni el Madrid. Fue Messi y el Barcelona. Reescribiendo la historia, apuntándose a la heroica cuando falta el fútbol fluido de antaño.

El Barcelona es como una montaña rusa, igual te hace unos minutos de ensueño como concede cinco o seis jugadas claras de gol al rival. El Madrid ante tantos regalos, suele ser un martillo, pero los de Zidane no tuvieron suerte ante el marco de un muy buen Ter Stegen. El Barça chutó menos, pero las tuvo. Sobre todo Messi, pero también Alcácer u Suárez tuvieron en sus botas el gol que acabó anotando Rakitic.

El resto es cosa de Messi, héroe culé y villano blanco. Capaz de hacer un roto a Carvajal en una baldosa y dejar retratado a Kroos o Casemiro. Su gol final es la guinda a un partido perfecto que acabó de la mejor manera posible para los intereses azulgranas. Su gol, made in Leo, con rosca y al palo derecho del portero, supuso su gol 500 con la elástica culé,  el 31º en Liga y el 23º en un Clásico.

No hay comparación posible con una bestia así. Su celebración, por cierto, a la altura de una leyenda como es Leo. Un zurdo tímido que acabó reescribiendo la historia del Barcelona. Un Barcelona que le debe mucho a Messi, al igual que el argentino al club. Una reciprocidad que debería alargarse el mayor tiempo posible… y es que el argentino se encuentra en un escalón que se ha ganado el derecho a decidir.

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