Las dificultades de innovar en educación

¿Es difícil innovar y cambiar en momentos de desorden político? Centrándonos en España, es imposible un cambio innovador en la educación debido a las numerosas actualizaciones, por no decir cambios, de las leyes educativas en España. Que si LOGSE, que si LOE, que si LOCE, que si LOMCE… un sinfín de acrónimos vacíos, sin sentido para algunos, desesperantes para otros. Los alumnos, así como los profesores, son los que sufren las consecuencias de estas estupideces que cometen los políticos, incapaces de llegar a un acuerdo mínimo para una educación común,  estable e innovadora. Solo así, sería posible realizar cambios pedagógicos con éxito. Alejados de la escuela tradicional y más acordes a los tiempos que corren.

Ejemplos ya existen en España, como es el de Cataluña. También está Finlandia como cuna de la innovación docente. No obstante, los cambios son paulatinos, no es posible cambiar de la noche a la mañana, ya que eso generaría un caos sin precedentes en la enseñanza. Habría desintereses entre profesores tradicionales y progresistas, por no hablar de los problemas de concordancias entre unos y otros que acabarían sufriendo en sus carnes los alumnos, los verdaderos perjudicados del sistema arcaico que sigue instalado en España.

El currículum, como texto base prefijado por el Estado primero y por la escuela después, es donde se marcan los objetivos necesarios que profesores y alumnos tienen que conocer. Ahí se reflejan unos valores morales, sociales y políticos de la actual sociedad contemporánea. Un problema que viene de lejos y que es muy reacio a cambios sustanciales.

¿Cuál es el problema? La pregunta tiene fácil contestación: muchas ideas reformistas acaban una vez que el profesor entra en el aula. La imposibilidad al cambio, derivado por la falta de recursos metodológicos o de espacios para la correcta realización de éstos, acaban condenando los ideales progresistas de los nuevos docentes. Dejando sus brillantes ideas en la puerta y chocándose de nuevo con una vieja escuela politizada que parece no tener fin.

Seguimos en una docencia conservadora, incapaz de dar su brazo a torcer. Incapaz de evolucionar en una época que lo pide a gritos. La Escuela de los Jesuitas es un ejemplo, pero no lo es todo. Se necesita más, pero la evolución o la innovación en la educación tienen que estar acorde al contexto que vive el país. Y es que si un país ha estado sin gobierno un año, pensar en un acuerdo educacional, al menos a corto plazo, es prácticamente imposible.

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