Cuando lo remoto acaba siendo real

El fútbol no entiende de justicia ni de lógica. Grecia lo demostró en 2004 en la Eurocopa de Portugal cuando, ante todo pronóstico, cantó las ‘cuarenta’ en Lisboa y se llevó la Euro de Figo, Ronaldo y compañía. Ha pasado, desde entonces, doce años y los portugueses han estado ahí (2004 subcampeones, 2008 cuartos de final, 2012 semifinalistas), luchando entre viento y marea, buscando un estilo que nunca llegó y una generación de jugadores que parecía condenada al fracaso.

La máxima estrella portuguesa, Cristiano Ronaldo (31), jugó aquella final de 2004 ante los griegos. Entonces, un joven portugués de 19 de años acabó llorando desconsoladamente tras perder el campeonato en su propia casa. Nadie podía imaginar que un equipo con jugadores de la talla de Deco, Figo, Rui Costa, Ronaldo, entre otros, podría caer en su feudo ante un equipo como Grecia, al que nadie le daba como favorito en la final pese a cargarse a Francia, entonces la campeona de Europa, y a la República Checa de Nedved (Balón de Oro 2003).

Portugal no pudo conseguir ‘su’ Eurocopa en 2004, pero 12 años después consiguió la hazaña ante todo pronóstico. Se clasificó a la Euro en la repesca, pasó a octavos como tercera de grupo tras empatar los tres partidos, ganó a Croacia en la prórroga en octavos, a Polonia en los penaltis en cuartos y solo consiguió entablar un buen choque ante Gales (2-0) en semifinales.

La suerte se alió con los de Fernando Santos durante todo el torneo. Con un fútbol plano, repleto de mediocentros contundentes, donde el fútbol quedó en un segundo plano y apostando fuerte por las genialidades de Ronaldo, Nani o un venido a menos Quaresma, héroe sin querer en octavos y en cuartos de final. El ideario era de sobra conocido por los jugadores portugueses: si no podemos ganar al menos no perder. Y le funcionó.

Y así Portugal llegó a la gran final ante Francia en Saint-Denis. Los galos, claros favoritos, tuvieron las mejores ocasiones del encuentro pero no supieron materializarlas. Ni Griezmann, ni Ginac acertaron ante el arco de Rui Patricio. Éder, sin embargo, soltó un zapatazo desde más de la media luna que se coló en el palo diestro de Lloris.

Tras el pitido final, Portugal convertía lo remoto en real y Ronaldo, capitán del combinado luso, alzaba hacia el cielo de París la primera Eurocopa de la historia del país.

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