Atraso español

No es casualidad que en la tercera década del siglo XVIII, mientras Inglaterra, en esos momentos el principal rival de España, fundaba fábricas por toda su geografía insular, en la península ibérica los Borbones hispanos prohibiesen la entrada de géneros extranjeros y asignasen subsidios a la importación del algodón y de otras materias primas. Se trataba de una política proteccionista que buscaba aislar al país de la entrada de manufacturas extranjeras. Una idea no del todo descabellada, si se hubiese complementado con un profundo desarrollo del sector fabril nacional, que hubiese hecho entrar a España, de manera casi pionera, a una Revolución Industrial que, sin embargo, aún en pleno siglo XXI no ha llegado a amplias zonas agrarias de la península Ibérica.

perdida-amc3a9rica-ConvertImage

Las razones de este atraso tecnológico, que derivaría luego en un desfase cultural y científico, vienen de más atrás. La ‘leyenda negra’, aunque alentada por las naciones rivales en la competencia por la conquista del Nuevo Mundo (fundamentalmente Holanda, Inglaterra y Francia), tenía una parte de razón. España, más centrada en cristianizar sus nuevos territorios que en lograr un desarrollo comercial de sus colonias, pasó durante el siglo XVI de dominadora del orbe a reino endeudado hasta las cejas. En vez de aprovechar el oro y la plata americanas para conseguir una economía española competitiva y líder en el mundo, se malgastó en guerras religiosas y abusos de los reyes de turno, llegando al siglo XVIII en una situación financiera y económica calamitosa.

El campo, único refugio y semillero de capitales patrios, estaba sumido en el más profundo de los atrasos. Mientras en Lancashire se creaban fábricas textiles que aprovechaban al máximo las plantaciones de lino y algodón ingleses, en España se continuaba con una extracción casi manual, lo que imposibilitaba tanto la industrialización del campo como la exportación (con el consiguiente excedente y beneficios derivados) de productos manufacturados. Mientras británicos, franceses u holandeses se preocupaban por hacer crecer sus industrias, mecanizar sus campos y conquistar el comercio europeo, la nobleza española se debatía en una auténtica crisis moral sobre si “el trabajo purificaba o más bien era una labor solo para siervos y vasallos”.

El señorito español nunca quiso llenarse las manos de polvo ni invertir sus tierras en negocios rentables. Preferían vivir de sus cultivos, sus señoríos y prebendas, como si el mundo no avanzase, como si la Edad Media fuese a ser eterna. Pero no lo fue. España se abría al mundo con la conquista de América, mientras que, a su vez, se cerraba a Europa.

Este atraso endémico español llevó a que, en 1930, apenas se alcanzara el 60% de la renta media británica, pero no de ese mismo año sino…¡de 1810! O que la esperanza de vida apenas llegase a los 35 años al inicio del siglo XX. Una situación que, hasta la entrada en la Unión Europea allá por los años 80 del pasado siglo, se ha mantenido inalterable, con el lastre añadido de 40 años de franquismo. La ingente entrada de fondos europeos palió en parte la situación, pero elementos estructurales como la excesiva presencia de latifundios en las regiones del sur de España, la falta de capital invertido en actividades productivas, o las malas condiciones laborales de buena parte de los trabajadores españoles, hacen que el atraso español, lamentablemente, siga siendo un calificativo cierto y necesario para describir la economía nacional.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s