A Dios rogando y con el mazo dando

Lastimoso, paupérrimo, triste y completamente reprobable. Perdónenme si me muestro demasiado crítico, pero es que así debemos ser y así se debe mostrar públicamente el cofrade, y en líneas generales el sevillano, cuando pasa una nueva Semana Santa y vuelve a leer ese sin fin de pensamientos rancios, críticos y absurdos. Es muy fácil hacer leña del árbol caído y luego darnos golpes de pecho de que somos grandes cofrades, mejores cristianos y excelentes personas.

La demagogia se convierte en el telón de fondo de numerosos tweets, blogs, noticias y opiniones que afloran por internet tanto en la Semana Grande como en las fechas posteriores. Y claro, volvemos a pecar de narcisismo y volvemos a creernos dueños y señores de la verdad absoluta. Volvemos a criticar a las sillitas, a la gente que se sienta a comer pipas en un bordillo esperando cofradías…pero claro, también nos creemos con la potestad de criticar la disposición elitista de la actual Carrera Oficial. Ergo, ¿no sería mejor aclararnos que postura social queremos adoptar? ¿Se puede ser opinador del sol que más calienta en todos los sentidos? Hombre, si eres más falso que el acusador del misterio de La Bofetá…sí.

Lo peor es cuando personas que aprovechan su posicionamiento social, aparentemente destacable, se creen poseedoras de una conducta religiosa intachable, y claro…ahí se nos presenta un problema. El señor Ricardo Suárez, cartelista del Cartel de las Fiestas de Primavera, aprovechando su aparente fama y a la par buscando una mayor repercusión en las redes sociales, se atreve a lanzar una crítica, como es costumbre a la par en este señor, hacia la Hermandad de la Resurrección, tachándola de hermandad letifica y afirmando que Sevilla el Domingo de Resurrección solo piensa en toros. Claro que todo esto va ligado a una muy atrevida y a la par acertada respuesta de la corporación, que le responde al tweet en cuestión con dos estampas aéreas del estado de Santa Marina en la entrada de la cofradía.

Y ahora que vengan y nos digan que los malos son de fuera…cuando en realidad tenemos a nuestros propios destructores dentro. ¿Se creen que los que hacen fotos a gente sentadas en sillitas portátiles del chino son policías o miembros del Consistorio Municipal? ¿Se creen que vienen turistas a echarnos fotos y a colgarlas en las redes sociales? La respuesta es NO. Tenemos a nuestros propios destructores a ese sin fin de perfiles anónimos que se esconden tras un muñequito de nazareno, una calavera o una foto a color. Estas personas, supuestamente sevillanas y cofrades son las que están destruyendo nuestra Semana Santa.

Que no vengan a criticar a los medios de comunicación profesionales y a los periodistas, porque verdaderamente el periodista realiza un trabajo íntegro, profesional…y en el caso de la Semana Santa, un trabajo pasional. Por ende, no hay que ser muy inteligentes para darnos cuenta que precisamente los que criticaban las sillitas portátiles, ahora son los mismos que critican el dispositivo de seguridad (totalmente acertado por cierto, y así lo ha demostrado el CECOP con datos objetivos y estadísticos) con el que contó Sevilla esta pasada Semana Santa.

¿Por qué no al uso de sillitas? ¿Acaso no molesta más una hilera de carritos y personas sentadas en el suelo, las cuales son más difíciles de mover y se muestran más reacias en muchas ocasiones, que una persona que se sienta en una sillita portátil? Las sillitas es como todo…es cuestión de respeto. Es cuestión de civismo, saber estar y tener conciencia ciudadana. Cualquiera puede sentarse en una sillita o en el suelo, ya que por desgracia la Semana Santa de hoy no es como la de hace años, o por fortuna, según como se mire. La masificación de público, tanto turístico como los nuevos frikis capillitas que florecen en nuestra ciudad, así como la imposibilidad de todos de tener una silla en la Carrera Oficial, nos lleva a buscar un sitio en el que poder ver el tránsito de varias cofradías sin problema. Sobre todo, los que critican esto son personas jóvenes que no tienen niños pequeños y que además carecen de educación, al llegar a un punto y colocarse delante de una persona que lleva horas esperando, encima con la poca decencia y respeto de contestarle creyéndose con la verdad soberana.

¿A dónde vamos a llegar? Sinceramente, me da bastante miedo pensar en qué Semana Santa vamos a dejar a nuestros hijos. Este año hemos tenido una Semana Santa que más bien se parecía a un sambódromo, pero es que es una lástima que las Hermandades, los músicos y muchos cofrades, entre los cuales me incluyo, apoyamos esta medida, ya que preferimos una Semana Santa segura a una Semana Santa de continuas peleas. No podemos evitar que en una semana en la que toda Sevilla se echa a la calle, nos encontremos con personas que no sienten nuestras Hermandades ni saben lo que significa guardar en silencio el transitar de una cofradía, ni el hecho de no llenar el suelo con cáscaras de pipas o de hacer una botellona al paso de una cofradía. Que no vengan esos politólogos capillitas a enseñarnos a los cofrades cómo comportarnos en Semana Santa, puesto que en su gran mayoría, estos politólogos neo-rancios suelen ser los primeros que demuestran una falta de respeto por el prójimo, un egocentrismo exacerbado para hacerse notar en las redes sociales y un ansia de protagonismo que supera al amor cristiano del que tantos golpes de pecho se dan.

Nos creemos que tenemos una Semana Santa perfecta y concebida, quizás inamovible en el tiempo, pero realmente lo que tenemos es el resultado de un caldo de cultivo que acabará destruyendo la poca esencia que queda de ésta nuestra Semana Santa. Sigan presumiendo de ser grandes cofrades y poseedores de la verdad absoluta. Sigan centrándose en criticar al cofrade de a pie y en creerse policías del capirote…que acabarán dándose de bruces con una puerta con la que ni echando el cuerpo a tierra serán capaces de sobrepasar. Así es Sevilla…A Dios rogando y con el mazo dando.

Fran Gutiérrez.

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Un comentario en “A Dios rogando y con el mazo dando

  1. Demasiado juicio de valor para algo que no es de nadie, sino de todos, el tiempo pasa y las cosas cambian, guste o no, y pienso que no se ha de juzgar tan facilmente y a mi parecer aun menos la fe religiosa de cada persona, no es precisamente eso de juzgar, lo que hacía el que estuvo subido al madero. Un saludo.

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