La suerte de tener a Neymar

Todos los medios, así como los aficionados del FC Barcelona, solo tienen en la boca a la MSN. Que si la MSN es intratable, que si la MSN es lo mejor que ha pasado por el Camp Nou en más de 110 años de historia del club. En realidad es para hablar de ellos. ¿Por qué? Porque son muy buenos. Ya está. Tener a Messi, Suárez y Neymar es un privilegio solo al alcance del Barcelona, al menos por ahora.

Destripando a la MSN, y quedándonos solo con Neymar, habría que dejar claro que el Barcelona, y el aficionado culé, tiene la suerte de contar en sus filas con el que todo cabe indicar acabará siendo el mejor del mundo —si no lo es ya— en poco tiempo.

El público del Camp Nou es sabio y conoce a sus jugadores. Sabe que Messi es el amo y señor de Barcelona, al menos de una parte (sino que se lo pregunten a los del Espanyol). Él decide cuando está para jugar, cuando debe lanzar la falta y cuando el equipo necesita de su mejor versión para resolver un choque. Lo es todo para el Barcelona y para el fútbol, de ahí que su presencia sea vital para que el club azulgrana esté donde esté en el mapa futbolístico. A su vez, el público culé sabe que Suárez es ese delantero voraz, incansable, necesario para un equipo que quedó demasiado estático en años anteriores sin un 9 dinámico, sin un ariete como el uruguayo. Por ende, el público conoce a la perfección a estos jugadores y se espera, grosso modo, ciertas cosas.

Lo que el Camp Nou desconoce es lo qué se va a encontrar con Neymar. El brasileño es siempre una incógnita. Quizá hoy te sorprende haciendo un sombrero, como que mañana se inventa un caño de los que marcan época. Al igual, y no como sucedía en su primera temporada, te hace goles —16 en liga— como te los regala (nueve asistencias en liga). Es la reencarnación de Ronaldinho, algo más delgado, con una sonrisa más picaresca que la del Gaucho y posiblemente menos agraciado que el antiguo 10 azulgrana.

El Barcelona y el aficionado culé tienen la suerte de contar con Neymar. Su actuación ante el Athletic fue otra de esas que quedan marcadas en los aficionados. Que si ahora te cambia el ritmo, que si ahora te hipnotiza quedándose quieto mirando fijamente al tendido, que si ahora hace un regate y desploma a un rival. Combinaciones infinitas, actuaciones de verdadero genio.

Neymar no es ese chico extrovertido, a veces chulesco, que suele caer mal a los rivales por sus ‘supuestas’ chulerías con la pelota. No, no es eso. Neymar es un chaval de 23 años que entiende el fútbol de otra manera, tal y como la entendía Ronaldinho, amo del Camp Nou durante un lustro. ¡Qué continúe el espectáculo!

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