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Ángel Martínez | @ajmm88

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El gol de Bale en el minuto 86 puso punto y final a un ciclo maravilloso entrenado primero por Guardiola, continuado por Tito y rematado por Gerardo Martino, incapaz de enderezar un equipo desgastado desde hace más de un año y falto de hambre de títulos. El gol del galés, golazo por cierto, remató la semana más trágica que se recuerda en el seno del barcelonismo. Si en 2009 la semana perfecta se resumió en un título de Copa, una clasificación para la Final de la Liga de Campeones y ganar media liga en el Santiago Bernabéu, en 2014 se ha compendiado bien al revés.

¿Fin de ciclo?

Los ciclos, ciclos son. El Barcelona desde la temporada 2008-2009 lleva ganando títulos temporada tras temporada. El año del triplete, la segunda liga de Pep, la tercera liga y la Champions de Wembley, la última copa de Pep y la liga de Tito. Año tras año, el equipo azulgrana se ha ido reinventado hasta conseguir algún objetivo. La liga pasada, conseguida con 15 puntos de ventaja sobre el Real Madrid, segundo clasificado, disimuló la catástrofe de la eliminatoria ante el Bayern (0-7 en contra), de la que no se hizo ninguna lectura.

Un año después, los males del pasado volvieron a ceñirse ante un equipo corroído, estático y sin ganas de seguir ganando. Una verbena de defensa y un ataque que no corresponde al de los mejores años azulgranas, eso ha sido el Barcelona durante todo el año. Messi, el que es el mejor jugador del mundo cuando quiere, tiene mucha culpa de ello, al igual que Neymar, que no ha cumplido con las expectativas iniciales. El argentino, pensando cada vez más en Brasil, pese a su lesión que le dejó K.O., entre una cosa y otra, tres meses, ha sido una sombra de sí mismo durante buena parte de la temporada. Sus tres goles en el Bernabéu resucitaron al Ángel caído que lleva dentro, pero fue todo un espejismo. Su actuación ante el Atlético en Champions y en la finalísima ante el Real Madrid, así lo confirman. Mientras tanto, el otro crack azulgrana, el brasileño Neymar, fichado en un primer momento por 57 kilos, luego por 86 y ahora se habla de 100, no ha rendido al nivel esperado. A veces escorado en banda y otras veces más pendiente en regatear adversarios y caer bien a Messi, se ha olvidado de meter goles y decidir encuentros. Clave en la Supercopa de España, las expectativas de poder verlo jugar junto a Messi eran máximas. Más lejos de la realidad, su rendimiento, muy por debajo de sus posibilidades, se ha visto frustrado y perdido, tanto en banda izquierda como banda derecha, lugar donde no le gusta jugar y Martino se ha empeñado que sea su sitio de origen en los partidos denominados importantes.

Neymar

Señalados: Alves y Cesc   

El propio Dani Alves dejó claro que iban a llover las críticas y que a él le iban a llegar por todos lados. No le falta razón ni al brasileño ni al que se queje de su actuación, no solo por la final de Copa sino por toda la temporada. El análisis de la Copa es fácil, además de la intensidad blanca y las ganas de ganar por parte del equipo de Ancelotti, los dos goles blancos llegaron en dos pérdidas del lateral brasileño, nada nuevo que objetar.

El caso de Cesc es diferente. Empezó como un avión, como suele sucederle todos los años. Importante en el esquema de Martino, titular indiscutible para el argentino, parecía el año del ex del Arsenal. Nada más lejos de la realidad, el ‘4’ volvió a sus fueros y su pasividad volvió a aparecer en escena. El esquema clásico azulgrana pasó a convertirse en un 4-4-2 en el que solo creía Martino y en el que acabó crucificándole. Esquema por el cuál era vital para que Cesc e Iniesta, el mejor jugador del Barça desde el inicio en 2014, jugasen juntos. El 4-3-3 lo relegaba al banquillo y Martino, con mucha autoridad al principio de temporada pero bastante ‘político’ en el último tramo, no se la jugó y metió a todos los ‘jugones’ en un mismo saco, dejando a jugadores – Pedro y Alexis por ejemplo – en mejor estado de forma fuera del once inicial.

Una defensa insegura

La ausencia de Puyol y de Abidal en la defensa azulgrana se ha notado hasta el punto que el Barcelona no ha parecido el Barcelona en toda la temporada. No es menos cierto que el equipo de Martino ha recibido menos goles que el equipo de Tito, aún más frágil en defensa pero mucho más efectivo en el ataque. Al equipo de Vilanova le venía como el anillo al dedo la frase mítica de Cruyff: “Me da igual que me metan cuatro goles cuando sé que mi equipo va a meter siete”. Al equipo del 2013, sí, pero al del 2014 de Martino, no.

Con Alves perdido, Alba lesionado buena parte del campeonato y una pareja de centrales – Piqué y Mascherano – muy desconcertada durante toda la temporada, la mejor noticia fue el descubrimiento de Bartra y la aportación de Montoya. El primero demostró en la carrera con Bale que aún le queda por curtirse pero que está apto para ayudar al equipo azulgrana en los próximos años. El segundo, en los pocos encuentros, ha enseñado a Dani Alves que principalmente hay que defender, cosa que al brasileño se le ha olvidado.

¿Revolución o no revolución?

Tras el varapalo en 2013 ante el Bayern no se quiso hablar de revolución, es más, Zubizarreta y Sandro Rosell, entonces presidente azulgrana, rectificaron a Tito Vilanova como entrenador para el curso siguiente y estaban confiados de volver a ganar con el mismo equipo. Clamoroso error.

El Barcelona ha pasado de ser un equipo compacto y brillante, a ser un equipo vulgar y pasivo, una pasividad reflejada en Messi y que afecta a un equipo histórico que se ha ido diluyendo al mismo tiempo que el ‘10’ ha perdido la pasión por jugar al fútbol

El único fichaje que llegó en verano fue el de Neymar, por más de 86 millones de euros, en el que dejó las arcas vacías para incorporar lo que realmente necesitaba este Barcelona, un central. Primero Tito se cegó con Thiago Silva, que pedía 10 millones de euros al año y luego fue Martino el que creyó que Puyol era la solución, para después dejarlo fuera en más de un partido cuando el capitán estaba disponible para jugar.

Mientras que los equipos de Madrid corren como leones en busca de sus objetivos los culés vaguean por el campo sin intensidad. El Barcelona ha pasado de ser un equipo compacto y brillante, a ser un equipo vulgar y pasivo, una pasividad reflejada en Messi y que afecta a un equipo histórico que se ha ido diluyendo al mismo tiempo que el ‘10’ ha perdido la pasión por jugar al fútbol.

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