El error de Blatter

El error de Blatter

El presidente suizo aseguró que el Mundial de Qatar 2022 será el primer campeonato del mundo que se dispute en invierno

Ángel Martínez |  @ajmm88

Joseph Blatter con el sobre de Qatar 2022 | FOTO: http://i2.cdn.turner.com/
Joseph Blatter con el sobre de Qatar 2022 | FOTO: http://i2.cdn.turner.com/

Una decisión puede cambiar por completo el desenlace de una historia. La elección que tomó Joseph Blatter en su momento de que fuese Sudáfrica, y no otro país, el que albergase el Mundial del 2010 tiene una explicación difícil de expresar con palabras. Posiblemente, si la decisión no hubiese sido la de elegir al país africano como anfitrión del mayor evento futbolístico del mundo, España no hubiese conseguido la deseada estrella en Johannesburgo y el combinado español seguiría de vacío en su casillero en lo que a mundiales se refiere. Se trata de una decisión acertada, al menos para los intereses de España, ya que el combinado de Vicente del Bosque ganó el deseado trofeo y se quitó un peso de encima que duraba 80 años de continuas decepciones. Dicha decisión tomada por el presidente de la FIFA, Joseph Blatter,  fue acertada para algunos, pero muy perjudicial para otros, en especial para ese conjunto de personas ajenas al deporte y que viven en sus propias carnes una realidad diaria complicada que muchos desconocen. Sudáfrica en 2010, Brasil en 2014 o los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 son tres claros ejemplos que muestran como grandes organismos como la FIFA o el COI obvian los derechos humanos y anteponen la celebración de dichos torneos por encima de la seguridad, la dignidad y la protección de las personas.

A Blatter, amigo de sus amigos, a sus casi 80 años de edad se le metió entre ceja y ceja que el fútbol tenía que llegar hasta Qatar. El país árabe tenía que albergar, sí o sí, la cita mundialista del año 2022. El suizo no podía dejar de lado a sus amistades de Oriente Medio y no dudó en satisfacerles. El emirato se llevó el gato al agua, para sorpresas de muchos; se impuso por delante de países ampliamente más preparados, en cuanto a sus instalaciones, como Estados Unidos, que ya albergó con inconmensurable éxito el primer gran mundial moderno en el año 94, Japón, que junto a Corea del Sur fue el primer país asiático en el que se celebró una cita mundialista allá por 2002, así como Australia, país que ya acogió los Juegos Olímpicos de Sídney en el último año (2000) del pasado siglo XX. Tres países potentes que sucumbieron ante Qatar en una decisión polémica que dejó muchos puntos sobre las íes y deparó un aluvión de críticas hacia la decisión tomada por el presidente.

El presidente de la FIFA, que en un primer momento estaba convencido que se podía disputar la cita mundialista en el país árabe, quedó retratado cuando se dio cuenta del error que había cometido. Tal vez, el suizo no era consciente de las altas temperaturas que azotan al emirato, una ciudad brillante de cara a la galería y un infierno para aquellos que trabajan sin cesar con el objetivo de construir numerosos rascacielos, bajo un calor que achicharra a cambio de dos gordas al día. Un hecho tan real como el de la propia ONU, especialista en desaparecer cuando una superpotencia aplasta a un país pequeño. No es este el caso, pero es un dato a tener en cuenta. La ONU no interviene en Qatar al igual que a la FIFA le es indiferente lo que pase en el país árabe. La FIFA busca lugares nuevos para invertir y sabe que en Europa está todo el pescado vendido y entiende que hay que bucear en sitios nuevos para encontrar tesoro. Qatar es una de esas joyas del océano. Por eso mismo, Blatter no dudó en ningún momento en aceptar la propuesta del país de Oriente Medio en detrimento de las superpotencias.

Lo más significante y, a su vez, lo que más indigna a todos aquellos detractores de la decisión de Qatar como país anfitrión del Mundial del 2022, es que Blatter, poco después de tomar la decisión definitiva, dijese en público que se había equivocado. Para muchos rectificar es de sabios, en el caso de Blatter es quedar vendido y en evidencia. El suizo defendió, por activa y por pasiva, que el mundial podía organizarse en un país en el que junio y julio las temperaturas alcanzan los 50º a la sombra; obvió la explotación a la que están sometidos los trabajadores migrantes en el emirato; e hizo oídos sordos al tema de la religión y el terrorismo. Son temas muy susceptibles y que hay que tener en cuenta antes de precipitarse a tomar una decisión que puede poner en peligro la vida de muchas personas, incluida la de los propios jugadores que son los que sufrirían corriendo detrás de una pelota durante 90 minutos las oleadas de calor que castigan a la península Arábiga.

Además de los temas políticos y económicos que salpican, condicionan y ponen en entredicho la gestión transparente de la FIFA en dicho evento,  no está de más pensar un poco en los espectadores, en aquellos que hacen posible que este deporte  tenga esa repercusión mediática capaz de paralizar a un país entero. Blatter tampoco se acordó de los turistas: Qatar es un país que acoge de muy buen gusto a todos aquellos que llegan con dinero al país árabe pero le da la espalda a aquellos que llegan con una economía resentida y tienen que poner el freno de mano para no salir escopetados a las primeras de cambio. Volar a Qatar no es barato pero mucho peor es mantenerse allí con unos 100€ de media. El aforo en los estadios, salvo sorpresa mayúscula, brillará por su ausencia por culpa de los altos precios de los vuelos y sus hoteles y las numerosas restricciones a causa de la religión (casi el 80% de la población se rige por la religión islámica). Va a ser complicado de asimilar que grandes aficiones como la inglesa o la alemana no puedan beber sus típicas cervezas antes de los partidos de sus respectivas selecciones. Beber, así como emborracharse en Qatar, está penado. Otro de los puntos flacos de la errónea decisión de Blatter.  Para más inri, el evento se organizará en un país bajo una monarquía absolutista y gobernada desde el siglo XIX por la familia Al Zani. Es la vuelta al absolutismo, a las épocas doradas de los monarcas déspotas. Un precedente destacable, y no muy lejano, es el Mundial de Argentina en 1978. Johan Cruyff, capitán de Holanda, renunció a jugar el mundial debido a la situación infame que vivía el país por la dictadura encabezada por el militar Jorge Rafael Videla. Decisión valiente por parte del jugador holandés pero bochornosa por parte de la FIFA que se mantuvo firme en seguir adelante con el mundial,  pese a que a escasos metros del Estadio Monumental de Buenos Aires torturaban hasta la muerte a miles de personas. Enésimo traspié del máximo organismo futbolístico.

Todos los errores de Blatter se corrigieron en un solo punto, un punto que todo el mundo quería evitar, aunque será, salvo sorpresa, el único procedimiento viable – si es que había alguno –  para solventar los males del pasado. El suizo dejó entrever que el mundial de Qatar será el primero que se dispute en invierno, trastocando los planes de los equipos  de fútbol y alterando todas las competiciones; un ejemplo más que resume la mala gestión y lo poco que le importa a la FIFA los equipos, el turismo y los derechos humanos. Blatter solo es la cabeza visible de una panda de inservibles incapaz de tomar una decisión acertada, fluida y satisfactoria para todos.

Quedan aún ocho años para que el balón empiece a rodar en Qatar pero los precedentes no llaman al optimismo. Las personas muertas (cinco hasta la fecha) en las construcciones de estadios en Brasil, las numerosas familias que tuvieron que abandonar sus casas en Sudáfrica para que se pudiesen construir los estadios sobre sus hogares o la xenofobia que se ha vivido en los Juegos Olímpicos de invierno en Rusia y se vivirá, ante todo pronóstico, en el próximo Mundial de 2018, son algunos ejemplos que muestran visiblemente que la decisión de Blatter en elegir Qatar es un error. Ya no solo por la alteración del calendario o las altas temperaturas, sino por todo aquello ajeno al fútbol, que la gente desconoce y que a la FIFA no le conviene publicar.

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