El siglo XXI ya tiene su leyenda

Por Ángel Martínez | @ajmm88

Un día como hoy hace una década en Do Dragao y ante el mejor Oporto de los últimos años que atesoraba en su plantilla jugadores como Baía, Costinha, Maniche, Deco entre otros y, sobre todo, la figura de su popular entrenador, José Mourinho, se medía el Barcelona de Frank Rijkaard en una semana, precisamente como en la actualidad, cargada de partidos de selecciones. El equipo que llevó el holandés a Portugal estaba formado por jugadores de la primera plantilla y del filial. Futuras figuras que veían en ese partido una oportunidad única para darse a conocer. Jugadores como Oriol Riera, ahora jugador de Osasuna o Jordi Gómez, que milita en el Wigan Athletic de la Premier League de Inglaterra, eran algunos de los atractivos de la noche.

EMD.16.11.03
Messi y Jordi Gómez, el día de su debut. | Foto: mundodeportivo.com

El otro destacado de la noche era un pequeño joven de 16 años, zurdo de pie y argentino de nacimiento. Un jugador diferente al resto como ya destacó Charles Rexach cuando era director técnico del Barcelona y principal responsable de que Leo Messi, ese chaval de apenas 1,40 centímetros, sea hoy el jugador que es. El crack argentino saltó al campo en el minuto 75 sustituyendo a Fernando Navarro. Sus 15 minutos no pasaron desapercibido y estuvo muy cerca de hacer un gol histórico en el nuevo estadio Do Dragao, estadio que se  construyó para la Eurocopa del 2004 que se celebró en Portugal.

Su entrada no fue testimonial sino el origen de una leyenda viva. A sus 26 años lo ha ganado todo a nivel individual y de clubes. Su único lunar sigue siendo la selección. Ni en el Mundial de 2006 de Alemania donde apenas tuvo oportunidad ni en 2010 donde la Selección Alemana que, de manera vertiginosa, pasó por encima en cuartos de final a la selección que entrenaba entonces Diego Armando Maradona. Con dos clavos ardiendo en su interior así como un tercer dardo por la final perdida ante Brasil en la Copa América del 2007, el argentino tendrá en 2014 una nueva oportunidad para reivindicarse.

Su nacimiento futbolístico comenzó en Portugal en noviembre del 2003 en casa de José Mourinho, curiosa coincidencia. Ante la mirada de 60.000 portugueses y de su entrenador – Frank Rijkaard –  que le veneró en los cinco años que le tuvo a su lado. Hoy, diez años después, es cuatro veces Balón de Oro y la máxima estrella futbolística no solo del Barcelona sino mundialmente.

Esa competencia ficticia, comercial y dogmática que los medios de comunicación han construido entre Leo y Cristiano tiene tan poco argumento que el propio portugués queda en evidencia cuando lo comparan con el argentino. Los grandes jugadores se pueden comparar a través de datos numéricos que tanto les gustan a los periodistas. Las leyendas, sin embargo, no se miden por estadísticas. Di Stefano, Pelé, Cruyff y Maradona son incomparables. Messi se cuela ahí. El siglo XXI ya tiene su leyenda. 

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