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Özil tiene la llave del buque insignia de Arsene Wenger

El espigado entrenador del Arsenal lleva 17 años en el club londinense. La afición lo avala, lo defiende y lo respeta. Creen en él tanto como él cree en sus jugadores. El problema no radica en temas de creencias o dogmas que se basen en la fe. No, son temas futbolísticos y deportivos. En primer lugar, hay que señalar que el Arsenal puede presumir de una economía saneada y de un superávit que mejora temporada tras temporada. Hay casos trascendentales como el ocurrido en Escocia con el Glasgow Rangers. Su economía se vino a pique por una deuda gigantesca que no pudo hacer frente y dio hincapié a la desaparición del club y a la posterior refundación. El Rangers empezó su nueva andadura en la Cuarta División del fútbol escocés.

Con la economía como ingrediente más que importante para que un equipo se sustente correctamente el otro componente que no puede faltar en un equipo de fútbol es tener una buena base deportiva. La mezcla de ambos ingredientes es tan importante como básica. Sin dinero no puedes fichar y sin buenos jugadores no puedes hacer un proyecto deportivo en condiciones para competir con los demás clubes.

El problema del Arsenal viene de lejos. Su último título oscila de 2005 cuando el equipo londinense alzo la FA Cup. Desde entonces los gunners no han podido llevar a sus vitrinas ningún trofeo. La Final de la Champions League del 2006 es el último gran recuerdo – sí lo podemos recordar como gran recuerdo – que queda de un equipo que en 2004 levantó una liga sin perder ningún partido. Por entonces, había una plantilla competitiva e envidiada. Vieira, Pires, Bergkamp, Henry entre otros muchos. Empezaban a emerger con fuerza jugadores jóvenes como Reyes, Cesc o Van Persie.

Wenger se empeñó en remodelar una plantilla tal y como lo hizo cuando llegó: fichar a jóvenes promesas y convertirlas en cracks mundiales. Le pasó con Pires, Overmars, Cesc, Van Persie o Henry. Grandes jugadores que llegaron a Londres sin hacer ruido y salieron con la etiqueta de jugadores mediáticos. Algunos, incluso, explotados. Viendo que tras ocho temporadas en blanco la única solución lógica que le quedaba al entrenador galo era fichar. Sea por el precio que sea. Özil llegó bajo la bocina. El mercado de fichajes se cerró con la incorporación del jugador alemán.

El ex del Real Madrid llega a un club joven – solo tres jugadores superan la treintena –  pero a su vez experimentado. Posiblemente su incorporación sirva de llave hacia el título deseado que tanto anhela Wenger y su honorable afición. Özil es la guinda al buque insignia edificado por Arsene, necesitado de títulos, y que él nuevo ‘11’ abanderará con mucho honor.

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